“Que la población tenga miedo no aporta nada a la lucha contra el coronavirus y es un sufrimiento innecesario”

Dra. María Neira. Directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS y miembro del Comité Científico de Fundación España Salud

¿Se puede decir que es más peligroso el miedo que la epidemia de coronavirus en sí?

A la epidemia hay que responder, que es lo que estamos haciendo. Pero la preparación y la respuesta deben ser proporcionadas. Y eso se ha perdido en algún punto del camino. Lo que no quiere decir que esta epidemia no sea más o menos seria. Todos los problemas de salud merecen atención.

¿Por qué se ha creado esta situación?

El coronavirus es nuevo. Habría que evitar que entre en nuestra población y se quede. Por eso hay que estar alerta, a ver si lo podemos contener, pero dejando trabajar a la ciencia. Hay que desechar las medidas innecesarias, causadas por el pánico, la desinformación o el exceso de información. Todo eso ha dado lugar a una situación un poco más irracional de lo que solemos gestionar.

¿Pero tenemos que tener miedo?

No es una cuestión de miedo, sino de reaccionar con las medidas justas. Ahora a todos los virus hay que tenerles mucho respeto. Con ellos tenemos pocas armas para defendernos: no hay antibióticos, como contra las bacterias. Hay que hacer lo que hace España, que es tener un buen sistema de vigilancia y aislar los casos que aparezcan. Que la población tenga miedo no aporta nada a la lucha contra la epidemia y es un sufrimiento innecesario.

¿Habrá una vacuna dentro de poco?

Habrá una vacuna, pero necesitamos un año o año y medio como mínimo para los ensayos clínicos necesarios.

¿Ese este nuestro futuro? ¿Virus contra los que no sabemos qué hacer?

Ese es nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. Los virus aparecen constantemente, o se vuelven más virulentos. Son parte de nuestra civilización. Pero hay otros retos de salud pública que estamos creando, como la obesidad, el sedentarismo o la contaminación del aire. Por otra parte, hay grandes avances en las enfermedades infecciosas pero, entre el movimiento antivacunas y el uso irracional de los antibióticos, nos estamos quedando sin ese arsenal tan importante.

Entonces, los enemigos somos nosotros mismos.

Seguimos siendo vulnerables y a veces parece que se nos olvida: contaminamos, llenamos de plástico los océanos… Eso se volverá en nuestra contra. Pero no quiere decir que haya un apocalipsis, quiere decir que hay que racionalizar, que hay que convivir con virus y bacterias sin dejarles volverse letales para nosotros.

¿Qué siente como científica cuando figuras relevantes niegan que la contaminación cause muertes?

Hay verdades que no podemos esconder bajo ningún manto político, como los niveles de contaminación en las ciudades europeas. Todo el mundo puede opinar en un bar, pero cuando tienes una responsabilidad institucional, es algo penoso decir que no hay un vínculo entre salud y contaminación. Toda la comunidad científica salió a dar los datos, que son apabullantes.

¿Cuáles son las cifras de mortalidad en España por contaminación del aire?

En casi todas las ciudades europeas es de entre 30.000 y 40.000 muertes al año. Podrían evitarse, y todo el sufrimiento en forma de asma, enfermedades respiratorias crónicas, infartos o problemas en el desarrollo del feto.

Extracto de entrevista publicada en M. H.

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