Coronafobia

Dr. Manel Esteller. Director del Instituto de Investigación Josep Carreras

No busquen ninguna intencionalidad política ni de posibles modelos de gobierno en el título. Me refiero al miedo comprensible que la pandemia del coronavirus está desencadenando en la población a escala mundial. El miedo es un instrumento evolutivo necesario para mantenerse vivos, pero un exceso del mismo también significaría eventualmente la extinción de la especie. Hay que tener la justa y necesaria, así como del llamado estrés. Algo nos va bien, pero demasiado del mismo nos inmoviliza.

No encontrará en este artículo recomendaciones sobre cómo ralentizar la propagación de la infección ni las conductas personales y sociales más adecuadas para retrasar el contagio lo máximo posible. De todo ello ya están hablando expertos en salud pública y epidemiología, destacando la labor del doctor Toni Trilla del Hospital Clínic y la Universitat de Barcelona. De aspectos relacionados con futuras vacunas y estudios similares muchos investigadores están implicados y estoy seguro de que de la investigación desarrollada por mucha gente en el IrsiCaixa de Can Ruti en Badalona saldrán resultados interesantes. Yo me siento un poco más cómodo explicando un poco las intimidades moleculares y genéticas del coronavirus. Como todas las guerras, conocer los recursos y las debilidades de tu enemigo es clave para ganar la batalla. Vamos pues.

La historia oficial comienza en diciembre del 2019 cuando en la ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei en China se detectan casos de neumonía de causa desconocida. Seguidamente se nota una conexión entre los pacientes y un mercado de animales vivos. Las alarmas se disparan porque la narración nos recuerda el SARS (síndrome respiratorio agudo severo) en los años 2002-2003, otra infección originada en el mismo país que provocó unas 800 muertes reconocidas. Y también nos hace volver a la memoria el MERS (síndrome respiratorio de Oriente Medio) que primeramente identificado en Arabia Saudí causó también aproximadamente otras 800 muertes en los alrededores de 2012. A continuación, se encuentra el agente que provoca la patología: un coronavirus similar al causante del SARS y del MERS.

Los coronavirus son una gran familia de virus que tienen como material genético el ARN (ácido ribonucleico), mientras que en las células humanas las órdenes nos vienen dictadas por el ADN. Es un ARN de cadena sencilla (++ssRNA) y puede ser aislado de diferentes animales. Es pues posible que, desde otro organismo, por ejemplo, un murciélago, y luego un animal con más contacto con las personas, saltara sobre los humanos habiendo adquirido una mutación. Para ser exacto la caracterización de actual enfermedad es debida al aislado a toda prisa del virus covid-19 o también llamado SARS-CoV-2. Su caracterización genética ha representado un esfuerzo titánico y generoso de muchos investigadores y entidades. Primer ejemplo: la empresa BGI situada en China tiene los servicios de genómica más grandes del mundo y tiene clientes de todos los países, pues ya hace semanas que detuvieron todos los proyectos en curso y se focalizaron a estudiar este nuevo virus en profundidad. Segundo ejemplo: todos los descubrimientos sobre covid-19 que están haciéndose se publican inmediatamente a las revistas académicas sin que las editoriales saquen beneficio económico. No es ahora tiempo de mirar las ganancias, sino de compartir la información entre toda la comunidad investigadora.

Volvemos a las intimidades de este coronavirus especial. Tiene una forma redonda o elíptica de un diámetro de 60 a 140 nanomicras y su genoma de ARN está formado por cerca de 30.000 piezas (nucleótidos), mientras que el humano tiene 6.000 millones. Con estos pequeños ladrillos produce aproximadamente 10.000 aminoácidos con los que fabrica proteínas diversas, algunas bloquean nuestro sistema inmune para dificultar nuestras defensas, otros forman parte de su cobertura (nucleocápside) mientras que otros sobresalen como pinchos (‘spikes’) dándole un poco el aspecto de un erizo de mar. Estas últimas estructuras las usa como unos garfios para engancharse a nuestras células, entrar dentro de ellas y apoderarse de la maquinaria celular humana para su propio beneficio. Ya hay pistas de cómo lo hace y parece que las proteínas virales interaccionan con dos proteínas nuestras para meterse dentro de nuestras células: son las llamadas enzima 2 de conversión de angiotensina (ACE2) y la serina proteasa TMPRSS2. Los primeros fármacos para bloquear esta unión no deseada están ya en estudio. Conocer para vencer. Mucha suerte.

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