En España se ponen aproximadamente 70.000 stents al año

Cardiólogos destacan la revolución de los avances tecnológicos para la supervivencia y calidad de vida de los pacientes

Los avances tecnológicos producidos en los dispositivos médicos para el tratamiento y prevención de las enfermedades cardiovasculares han supuesto un cambio de paradigma en la atención a las personas que las padecen y en los procesos médicos. Uno de los desafíos actuales es que el sistema sea capaz de incorporar toda la potencialidad que tiene la Tecnología Sanitaria para llevar estos avances a la práctica médica. Esta ha sido una de las conclusiones de los expertos en Cardiología reunidos hoy por Fenin con motivo de la celebración de la Medtech Week europea (del 3 al 7 de junio), la semana donde las asociaciones europeas y empresas del sector muestran la importancia de la tecnología sanitaria para el ciudadano, según ha expresado Isabel Dávila, directora ejecutiva de Fenin y coordinadora del Sector Cardiología, Neurocirugía y Tratamiento del Dolor.

En España, unas 50.000 personas mueren por infarto agudo de miocardio, un escenario alarmante en este tipo de patologías. Sin embargo, se ha producido un gran progreso en la atención a estos pacientes, gracias a herramientas como el stent coronario, donde ha tenido lugar una relevante innovación en los últimos años. En España se ponen aproximadamente 70.000 stents al año, que permiten tratar mejor la cardiopatía isquémica. “En la actualidad, la mortalidad en los pacientes que sufren un infarto y se les implanta un stent coronario se sitúa entre el 4 y el 5%, porcentaje mucho menor al de hace 15 o 20 años, y esto ha sido posible gracias a avances tecnológicos como el material del que están hechos, que ha pasado de ser acero inoxidable a distintas aleaciones de metal, que confieren flexibilidad y seguridad al stent”, ha destacado el doctor Raúl Moreno, jefe de la Unidad de Cardiología Intervencionista del Hospital Universitario La Paz en Madrid.

Otro avance importante en cuanto a dispositivos en Cardiología, cuyo uso está aumentando en España, es el cierre percutáneo de la orejuela izquierda, que evita la formación de coágulos en esta parte del corazón, y por lo tanto previene embolias cerebrales en pacientes con fibrilación auricular con riesgo de embolia o hemorragia.

También en el terreno de las arritmias, en los últimos años se han conseguido destacados logros con los desfibriladores implantables. “Los nuevos dispositivos son subcutáneos, de modo que resultan menos agresivos, reducen el riesgo de infección y se extraen con mayor facilidad, además de que son más pequeños”, ha apuntado el doctor Fernando Arribas, jefe de Servicio de Cardiología del Hospital Universitario 12 de Octubre en Madrid. Este especialista también ha remarcado la importancia de las innovaciones en imagen, que muestran cada vez con mayor precisión las lesiones cardíacas y aportan información de valor para cuantificar el riesgo y tomar decisiones sobre el tratamiento. Otro ámbito en el que, en su opinión, se ha recorrido un largo camino es en los estudios genéticos, que permiten predecir e intervenir de manera precoz las enfermedades y “tratar no únicamente pacientes, sino también familias”.

Los corazones artificiales, denominados asistentes ventriculares como terapias de destino, han supuesto un gran avance para los pacientes. Cerca de 40 personas a las que no se les puede realizar un trasplante se han visto beneficiadas en 2018 en España de esta tecnología, ha señalado este especialista.

Según el doctor Arribas, uno de los desafíos actuales es ser capaces de trasladar los progresos en tecnología cardiaca del hospital al domicilio del paciente, y en este sentido también se está avanzando mucho, con dispositivos como los holters implantables percutáneos, los wearables o smartwatches, que monitorizan el ritmo cardiaco.

Considera que uno de los principales retos es conseguir que la tecnología genere conocimiento que ayude a hacer más eficientes los procesos asistenciales y detectar los pacientes con riesgo a padecer una patología antes de que aparezca. “Hay un decalaje entre lo que somos capaces de hacer y lo que podemos llevar a la práctica, y en este hueco debe jugar un papel decisivo la tecnología sanitaria”, ha apuntado el doctor Arribas.

 

 

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