Desinformación, el virus más dañino

Reflexiones sobre la que supone la información no siempre veraz

Por Manel Domene, periodista

 El Covidien-19 es una pandemia e “infodemia” (sobreabundancia de información, no siempre veraz) a la vez. Y es que la última cepa conocida del coronavirus ya se convirtió en una ”infodemia” (desinformación, noticias falsas o información contaminada), antes de ser declarado pandemia por la OMS, siendo así un virus de doble efecto.

Hasta ahora los virus causaban daños a la salud por su efecto vírico. Con los coronavirus (y antecesores similares) los virus han desatado un efecto nocivo o viral de alcance mundial sobre la información. En este sentido, Covidien-19 se ha convertido en el virus más viral, del que todavía desconocemos mucho en cuanto a su faceta vírica, circunstancia que aumenta (y atiza) la carga viral.

Con la democratización de las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC), cualquier persona se convierte en consumidora y generadora de información y, de este modo, puede crear orden o caos, información y desinformación.

Así es como la pandemia del último coronavirus ha degenerado en una epidemia-pandemia informativa o ‘infodemia’. El término, propio de la jerga de la profesión, hace referencia al híper-información no contrastada o falsa que aparece en momentos críticos, como pueden ser los brotes de nuevas enfermedades. La puesta en circulación de noticias sobre un tema preocupante puede provocar situaciones peligrosas tanto por un exceso de información como por su déficit.

La revolución digital, donde como decíamos todo el mundo puede ser receptor y emisor de mensajes, ha complicado el hecho de estar informado. Los rumores y las mentiras (fake news) se propagan a través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería mucho más rápidamente de lo que las autoridades (sanitarias, en el caso que nos ocupa) pueden suministrar información para apaciguar la incertidumbre.

En el ámbito de la desinformación, encontramos un nivel avanzado, más grave en el que conocemos como hoax, también conocido como ‘virus hoax’, denominación bastante esclarecedora. El hoax o bulo, fenómeno aparecido con Internet, es una mentira que se difunde con una finalidad concreta, dándole apariencia de verosimilitud para engañar a todos los receptores. Las redes sociales y whatsapp son los canales ideales para difundir hoax virales que intoxican la opinión pública.

Esto es, ni más ni menos, lo que ha pasado con el Covidien-19, un virus dual, que a menudo está haciendo más daño por la parte viral (desinformación) que por la parte vírica (salud).

La imaginación es libre

La ‘hoax jam’ (mermelada de mentiras) creada a raíz de la crisis del Covidien-19 está propiciada por diferentes hechos, entre otras ideas conspirativas como las siguientes:

Una de estas es la supuesta información que apunta a que China habría creado Covidien-19 en un laboratorio basándose en coronavirus anteriores para infligir un castigo al mundo occidental y hundirlo económicamente y así, de paso, poder deshacerse de ancianos (mayoritariamente hombres) de su populosa población.

Otra teoría conspirativa es que el origen del virus habría sido los Estados Unidos, en el contexto de una política decidida de terminar y ganar la guerra comercial con China.

Un tercer ejemplo de conspiración viral es que habría sido una decisión de un liderazgo anónimo y poderoso (plutocracia mundial), impulsor de un Nuevo Orden Mundial (NWO, por sus siglas inglesas) que habría decidido practicar una ‘reducción quirúrgica’ y enterrada de la población mundial. Es decir, los ricos decidirían eliminar unos cuantos millones de pobres para convertir el mundo en un lugar más viable. Report.cat

Imagen del Covidien-19 | Foto: Imagen tomada por el ejército de EE.UU.

También corre la teoría de que todo se ha hecho para dar verosimilitud argumental al libro ‘profético’ titulado “En los ojos de la oscuridad”, de la década de los ochenta, que hablaba del virus ‘Wuhan-40’.

Otra teoría conspirativa se refiere a la visión de los cristianos evangélicos, la del acercamiento de los últimos tiempos, y ‘el inicio de dolores’, que encontramos en tres de los principales evangelios, y que, en Lucas 21:11, aparece bajo la cita específica del surgimiento de pestes y otras calamidades, como precedente del fin del mundo (gran tribulación). La teoría evangélica también propone el calentamiento global en los polos de la tierra como el origen de la liberación de virus, desconocidos para la ciencia médica, que ahora son inertes bajo el hielo. Por ello recuerdan el caso del virus de la viruela, reaparecido recientemente en Siberia.

Finalmente, está la edición y manipulación vírica de laboratorio (con posibles accidentes o sabotajes). No podemos olvidar la edición vírica que lleva a cabo un científico hasta ahora desconocido, Yoshihiro Kawaoka, virólogo de la Universidad de Veterinaria de Wisconsin (EE.UU.), que habría modificado genéticamente, con intención terapéutica es de suponer, una cepa del virus H1N1 (gripe aviar) para hacerla resistente al sistema inmunológico de los humanos (y por tanto mortal). El hecho fue denunciado por el diario británico The Independenty posteriormente confirmado por el científico implicado. Cualquier problema de seguridad del laboratorio de en Kawaoka provocaría una pandemia mundial que causaría la muerte de un 5% de la población, según especulaciones científicas. Hay que tener en cuenta que la liberación accidental de patógenos desde laboratorios es frecuente. El caso más conocido fue una cepa de SARS, que en 2007 se ‘escapó’ de un laboratorio de máxima seguridad en Pekín. Su propagación se pudo detener rápidamente y sólo causó nueve víctimas mortales.

El Covidien-19, pues, nos está ayudando a descubrir vulnerabilidades de las sociedades modernas, que solemos movernos del miedo a la incredulidad, circunstancia que es tan dañina como el alarmismo excesivo.

Imaginario colectivo basado en la ficción

La reacción más o menos histérica- está influenciada por la imaginación y el miedo, dos emociones que se retroalimentan mutuamente. Y, cuando se trata de buscar explicaciones debemos hacer un vistazo al universo paralelo que ha creado el cine de las últimas décadas y que, por tanto, forma parte del imaginario colectivo.

En este sentido, existe una inflación de películas catastrofistas, truculentas y efectistas que presentan pseudotragedias derivadas de accidentes biológicos y virológicos. Ya sabemos el secreto encanto que tiene pasar miedo de vez en cuando, pero el problema de esta filmografía catastrofista es que promueve nuestra credibilidad y tendencia a la paranoia. Una recopilación no exhaustivo de filmes debe incluir una mención, por ejemplo, en:

– The hot zone. Título emblemático, basado en el virus del ébola.

– Contagio. Un virus de rápida expansión, como el Covidien-19.

– Virus. film surcoreano dirigido por Kim Sung Soo y estrenado en 2013 con un parecido con la realidad más allá de la pura coincidencia.

– Ceguera. Una película postapocalíptica donde Bruce Willis investiga un pase catástrofe planetaria que se convirtió en irreversible.

– Guerra Mundial Z. Virus y transmutación en zombi, un ser de ficción inevitable en el imaginario común, de la mano de Brad Pitt.

– Soy Leyenda. Virus del sarampión modificado genéticamente, que muta y crea terror cinematográfico.

Han sido estos, y muchos otros filmes de ficción, que han creado un entorno cognitivo alterado y abierto que provoca que, a estas alturas, nos creemos muchas de las teorías presentadas a través de un audiovisual, con una trama creíble, pero también con argumentos inverosímiles.

Otra explicación de las reacciones que mostramos es la contemplación de escenarios aparentemente distópicos (imaginarios) pero que, en realidad, no lo son y nos causan nerviosismo. Nuestra credibilidad y capacidad de ser influenciables han aumentado por evidencias recientes que muestran cómo, a menudo, la realidad supera a la ficción. Esto implica una sociedad cada vez más histérica y crispada.

La distopía vista a los filmes se vuelve real cuando contemplamos imágenes como la de la ‘caza’ de infectados (o presuntos infectados) en la zona cero de Wuhan que, previamente habían sido detectados mediante drones (que podrían ser un símbolo de la telepantalla en 1984, la ficción de Orwell).

Realidad y ficción, pues, se confunden. No viven los chinos inmersos en una sociedad orwelliana con millones de ‘telepantallas’, es decir, modernas cámaras que todo lo ven? Cómo puede evolucionar la distopía social si se agrava la pandemia? Agredir a quien tenga un acceso de tos en el metro? Denunciaremos a quien esconda un kleenex en el bolsillo?

 

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