Necesitamos sistemas de reembolso centrados en el valor de la innovación

Silvia Ondategui-Parra, Socia Global de Life Sciences de EY

Los sistemas sanitarios a nivel mundial siguen, desde hace años, una senda económicamente insostenible en el largo plazo. Los costes aumentan de manera reiterada pero, lo que es más importante, este incremento no viene acompañado de una percepción, por parte del paciente, de que la calidad de su atención médica mejora de forma proporcional.

En este contexto, la construcción de acuerdos basados en valor y no solo en precio es una vía beneficiosa tanto para pagadores como para laboratorios y, por encima de todo, para el paciente. Un reciente análisis llevado a cabo por EY revela que el 44% de los nuevos fármacos lanzados entre 2005 y 2013 tuvo un comportamiento en el mercado menos satisfactorio del esperado. Cada caso tiene características propias, pero es posible encontrar motivos coincidentes: algunos criterios claves para el paciente, como la calidad de vida o la adherencia son difíciles de medir en los ensayos clínicos tradicionales. Requieren de evidencias reales recabadas mediante una metodología que todavía no está extendida y que necesita unos criterios estándares por patología que en muchos casos todavía no se han definido.

Empezamos a ver los primeros acuerdos de Value-Based Health en enfermedades cardíacas y en diabetes, áreas en las que es más fácil desarrollar marcadores para medir el comportamiento de un nuevo fármaco, pero la aportación real de una innovación es mucho más difícil de medir en otras áreas, como en oncología o en enfermedades inflamatorias.

Existen las herramientas necesarias para hacerlo, pero la realidad es que construir nuevos sistemas capaces de capturar y validar resultados en salud requiere inversiones considerables que un laboratorio o un pagador difícilmente asumirá en solitario. Además, los  sistemas de información, protocolos y capacidades de análisis de datos varían entre organizaciones, y los pagadores todavía son muy reacios a compartir datos de pacientes, aunque sean anónimos y agregados.

Sin duda hay obstáculos en el camino, pero la creación de espacios de interlocución entre los stakeholders vinculados al lanzamiento de cualquier innovación en estadios más iniciales de la investigación es clave y beneficiosa para todos. Al laboratorio le permite recopilar evidencias con mayor antelación de cara a la definición de su estrategia de acceso al mercado. Además, este modelo da voz a pagadores y pacientes y permite construir una relación de que facilitará la definición de acuerdos de riesgo compartido.

La sanidad del futuro requiere que seamos capaces de construir ecosistemas más colaborativos, interconectados y transparentes. Avanzamos lentamente, pero poco a poco estamos sentando las bases para conseguirlo.

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