Los rastreadores

Por Antoni Trilla, epidemiólogo, Hospital Clínic Barcelona.

Según el diccionario de la RAE, rastrear es seguir el rastro de algo o de alguien, inquirir, indagar o averiguar algo. Rastreador es la palabra que identifica la persona que realiza una función básica en un sistema de vigilancia epidemiológica: identifica los casos y sus contactos y realiza el seguimiento de los mismos. Es la estrategia recomendada para mantener una epidemia como la actual dentro de límites aceptables. El objetivo es cortar las cadenas de transmisión antes que sean muy extensas e incontrolables y sobrecarguen el sistema sanitario. Es la estrategia ortodoxa de ataque de la OMS: pruebas, rastreo y aislamiento. Buscamos el virus y lo mantenemos bajo control. Ha funcionado bien en países como Singapur, Corea del Sur, Nueva Zelanda o Alemania. Para que tenga éxito, los casos deben identificarse y notificarse rápidamente, el equipo de rastreadores debe tener personal entrenado y recursos técnicos suficientes y la población debe estar bien informada al respecto.

Es imposible identificar todos los casos y sus contactos. Un modelo reciente estima que si se identifica el 50% de los casos sintomáticos de Covid-19 y se puede seguir al 40% de sus contactos, la reducción en la transmisión permitiría mantener una actividad y movilidad razonables. Los casos deben aislarse. Los contactos próximos (contacto sin protección, a menos de 2 m, de más de 15 minutos) deben someterse a cuarentena. Esta estrategia tiene limitaciones: 1) no todo el mundo coopera y facilita la información, 2) los casos asintomáticos son generalmente indetectables, 3) si el número de casos y contactos es elevado, las necesidades son elevadas y el sistema puede colapsarse. Para seguir 10 casos nuevos al día hacen falta entre 20 y 30 rastreadores; para seguir 250 casos al día, entre 70 y 180 rastreadores. Hay soluciones tecnológicas que facilitan el rastreo (ejemplo: mensajes automáticos sms) y también se han desarrollado apps, aunque tienen limitaciones tecnológicas y de respeto a la privacidad.

Al final nada puede sustituir a un buen rastreador: el trabajo de salud pública en una epidemia es en un 80% patearse el terreno e intuición y en un 20% empatía. Es una tarea para detectives de enfermedades con una buena dosis de humildad, educación y tacto. El éxito en los próximos meses va a depender de que hagamos bien este rastreo. Si fracasamos, la alternativa son las medidas de confinamiento (estrategia de defensa).

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