“La grasa que se acumula antes de los 30 es difícil de eliminar”

Dr. Domingo Carrera. Médico especialista en Nutrición del CMED

¿Cuáles son las siete edades del apetito?

Existen 7 edades del apetito: del nacimiento a los 10 años, de los 10 a los 20 años, de los 20 a los 30 años, de los 30 a los 40 años, de los 40 a los 50 años, de los 50 a los 60 años y de los 60 años a los 70 años o más.

¿Es preciso comer distinto en cada una de ellas?

Se debe comer de forma distinta porque las necesidades nutricionales no son las mismas en cada etapa, ya que el metabolismo no es igual en cada fase y porque la sensación de apetito también cambia. Además, en algunas etapas hay cambios hormonales muy importantes que influyen en lo que debemos comer, cómo, cuándo y cuánto.

¿Y qué es lo que hay que tener en cuenta a la hora de elegir la alimentación de cada edad?

Hay que tener en cuenta las fases de crecimiento y desarrollo de nuestro cuerpo en las primeras dos décadas, que incluye los cambios hormonales, así como los cambios hormonales en las dos últimas décadas. También hay que tener en cuenta aspectos sociales y psicológicos como vida laboral, familia, hijos, actividad física, entorno social, viudedad, jubilación, soledad, etc…

¿Alguna de esas edades es más compleja que las demás? Tal vez de los 20 a los 30 cuando los cambios de vida pueden causar los aumentos de peso.

Algunas son más complejas por los grandes cambios que sufre nuestro cuerpo, como es la segunda década por la aparición de la pubertad y el desarrollo y crecimiento, así como la 5ª y 6ª etapa por la menopausia y andropausia. La 3ª y 4ª son complejas por los grandes cambios sociales como vida laboral, matrimonio, hijos, entorno social. Esto determina la formación de unos hábitos de vida muy fijos, que más adelante son más difíciles de cambiar por estar muy arraigados.

Si se acumula grasa corporal en ese momento, ¿ya será difícil perderla en la siguiente edad?

La grasa que acumulemos hasta los 30 años después va a ser más difícil de eliminar progresivamente porque el metabolismo se pone más lento poco a poco y no vuelve a estar tan activo nunca más. Pero cuando más cuesta es a partir de los cambios hormonales de la 5ª y 6ª década, porque trae consigo una disminución del metabolismo muy drástica.

El hacerlo o no, dependerá también de los hábitos alimentarios adquiridos en los dos primeros decenios, ¿no?

Definitivamente depende también de los hábitos adquiridos. Si no son adecuados va a costar más cambiarlos a medida que pase el tiempo y cuanto más arraigados estén estos hábitos nocivos más difícil será cambiarlos. Lo que pasa es que, con los cambios hormonales, a la dificultad de cambiar los hábitos se suman la dificultad o resistencia a eliminar grasas que pone nuestro cuerpo, por el cambio hormonal.

En el primero ¿son especialmente importante las proporciones?

Son importantes las proporciones porque dependemos de nuestros padres y la mayoría de ellos quieren que comamos grandes porciones y dejemos el plato limpio por la creencia errónea de que comiendo más vamos a estar más sanos y crecer mejor. Así nos acostumbran a comer porciones excesivas, cuando no es necesario tanto, y luego en la adolescencia es difícil de modificar ese hábito.

¿Deberían ser los hijos quienes las decidieran frente a los padres que pretenden que dejen el plato vacío?

Sí, es importante que decidan los hijos con los padres las porciones. En lo que deben insistir los padres es en comer todos los grupos de alimentos e insistir en la frecuencia de consumo semanal de alimentos necesarios pero sanos como frutas, verduras y legumbres y controlar la frecuencia de consumo de alimentos poco sanos, como grasas saturadas y azúcares refinado. Los niños pueden crecer sanos comiendo adecuadamente, pero con porciones pequeñas o medianas.

¿Cuáles son los riesgos del decenio que va de los 30 a los 40? ¿Tal vez las prisas?

Los riesgos en este decenio son los cambios sociales importantes como la pareja, hijos, vida familiar, hogar propio y crecimiento profesional. Esto hace que se instauren unos hábitos alimenticios en nuestro hogar que se arraigan mucho y más adelante nos cuesta más cambiar si no han sido los correctos, en una década en que nuestro metabolismo empieza a decaer.

De los 40 a los 50 es ya muy difícil que cambiemos nuestros hábitos ¿no?

Es mucho más difícil cambiarlos que en decenios anteriores. Quizá a los 50 años llevamos ya 20 años comiendo de una manera y nos cuesta mucho cambiar las costumbres. Pero por otro lado ya estamos en situación de emergencia ya que, con los cambios hormonales, o los cambiamos sí o sí, o podrá sobrevenir el sobrepeso, obesidad y problemas serios de salud.

De los 50 a los 60 es cuando se empieza a perder la masa muscular, ¿eso exige una alimentación distinta?

Exige una alimentación en la que predomine la proteína animal sin grasa saturada (carnes blancas, pescados, lácteos desnatados, huevos, legumbres, semillas) y reducir la ingesta de grasas saturadas y azúcares, para formar músculo y reponer el que se va a empezar a perder. A veces, si no hay mucho apetito, requiere la toma de suplementos de proteínas para cubrir las necesidades que no cubrimos con los alimentos. Y al ejercicio cardiovascular continuado hay que empezar a añadir ejercicio de fuerza o con pesas.

Y por último de los 60 a los 70 las dificultades están en los problemas dentales, la pérdida de gusto y olfato, la inapetencia ¿Qué tipo de alimentación ayuda a paliar estos problemas?

Ayuda hacer varias ingestas de menos tamaño en el día. También tomar alimentos no muy fríos ni muy calientes, con textura no muy dura y en preparaciones de fácil digestión (mejor horno, plancha o guiso que empanados, rebozados o crudos). No comer muy seco también ayuda y aderezar comidas con hierbas que realzan el sabor siendo inofensivas. Ayuda evitar sabores extremos como picantes, ácidos o salazones. También es una etapa fundamental en la toma de suplementos de proteínas y vitaminas que complementan la baja ingesta por inapetencia. M. ROBLES

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