La artritis reumatoide se relaciona con la depresión, obesidad y enfermedad cardiovascular

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad reumática crónica que afecta a las articulaciones produciendo dolor, hinchazón y rigidez. Pero además de dañar las articulaciones y los tejidos circundantes (tendones y músculos) puede afectar a otros órganos como el corazón, el pulmón o el riñón.

“Según los últimos estudios, la depresión, la obesidad y la enfermedad cardiovascular son las comorbilidades más frecuentes en los pacientes con artritis reumatoide”, según expresó Jaime Calvo Alén, reumatólogo en el Hospital Universitario de Araba, durante la tercera edición de ‘Lo Mejor del Año en AR’, actividad organizada por la Sociedad Española de Reumatología.

Estas tres patologías asociadas a la AR “han demostrado que conllevan un pronóstico peor de la artritis reumatoide, incluso pudiendo aumentar, en algunos casos, la mortalidad de los pacientes”, matiza el especialista al tiempo que ha recordado que “se ha demostrado que tanto la depresión como la obesidad producen una peor respuesta a ciertos tratamientos”.

En el caso de la depresión, ciertas citoquinas proinflamatorias están muy relacionadas con esta enfermedad, por lo que el tratamiento con agentes biológicos dirigidos contra estas moléculas podría tener un efecto directo sobre los distintos estados de ánimo del paciente, independientemente de su actividad para controlar la enfermedad autoinmune.

Asimismo, es conocido el papel del tejido adiposo (grasa) como un auténtico generador de inflamación, ya que los adipocitos (células del tejido adiposo) liberan continuamente proteínas que favorecen la inflamación. De hecho, esas mismas proteínas, llamadas citoquinas, son las responsables de la hinchazón de las articulaciones en las personas con artritis reumatoide, es decir, que en los pacientes con AR con sobrepeso u obesos, estas sustancias aumentan y originan más dolor.

Finalmente, también se sabe que la inflamación es un factor de riesgo para las enfermedades cardiacas. No solo contribuye al deterioro de los vasos sanguíneos, sino que se ha demostrado que los pacientes con artritis reumatoide presentan mayor mortalidad cardiovascular que la población de la misma edad y el mismo sexo.

 

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