España continúa a la cola en el gasto público para enfrentarse a la crisis

El apoyo directo a la economía contrasta con el de los países más avanzados

España solo ha dedicado el equivalente al 3,6% del producto interior bruto (PIB) a ayudas directas contra la crisis derivada de la pandemia, según las cuentas recopiladas por los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) con datos hasta mediados de septiembre. El dato es muy significativo y más si se tiene en cuenta que la española es la economía avanzada que más se va a contraer este año –un 12,8%, según el organismo, o un 11,2%, de acuerdo con la última estimación del Gobierno– y una de las de ­peor pronóstico del mundo. El informe del FMI no admite dudas al analizar la doble respuesta a la crisis por lo que respecta tanto al gasto público directo como a la ayuda financiera a las empresas.

En el primer bloque del informe, España aparece a la cola entre los países avanzados –solo por delante de Corea del Sur– con apenas un 3,6% del PIB, unos 32.000 millones de euros, repartidos entre el sector sanitario y el resto. Se trata de gastos no previstos y abordados por el Estado para responder a la situación creada por la Covid-19, entre los que se incluyen 21.200 millones de subsidios de desempleo y exenciones de cotizaciones a la Seguridad Social por el régimen especial de los ERTE, 2.900 millones de transferencias a las comunidades autónomas y 4.800 millones de moratoria fiscal a los autónomos, entre otros. El FMI computa también dos paquetes de préstamos al turismo y la industria por 640 millones. “Teniendo en cuenta la caída de la actividad en el país, tendría que haber habido un mayor gasto público, sobre todo para ayudar a las empresas”, comenta el economista José Carlos Díez.

Frente al citado 3,6% de España, la media de los países avanzados triplica ese esfuerzo público directo y se sitúa cerca del 10% del PIB. Entre las grandes potencias europeas, la estrategia para combatir la crisis es diferente, pero siempre mucho más generosa que en España. Italia ha destinado a ayudas directas el 5,1%, Francia ha alcanzado el 6,2% y el Reino Unido y Alemania han disparado el gasto público anticrisis hasta el 9,2% y el 14,4%, respectivamente, a años luz de España.

Si en ayudas directas el Ejecutivo de Pedro Sánchez se ha quedado muy rezagado, en el segundo aspecto –donde se incluye lo relativo a las facilidades de financiación, como por ejemplo garantías– el país sale mucho mejor parado. Los 150.000 millones de euros del informe suponen el 14,1% del PIB, tres puntos más que la media de los países avanzados. Pese a esto, y teniendo en cuenta la especial virulencia con la que se ha cebado la pandemia en el país y sus funestas consecuencias en la economía, España se queda muy lejos de la respuesta que han dado en este campo países como Italia y Alemania –que superan el 30% del PIB– y va por detrás de otros, como el Reino Unido (16,5%) y Francia (14,8%), que también han sido más generosos en su respuesta.

Con todo, los expertos valoran positivamente a España en esta área. Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS en España y Portugal, asegura que “España ha dado un buen apoyo en lo relativo a la financiación, con un uso muy intensivo de los recursos que se puede ampliar perfectamente porque, pese a la situación, no hay presión sobre la prima de riesgo en estos momentos”.

España puede endeudarse más, además, porque el dinero para socorrer a las empresas en este momento tan delicado ha sido eminentemente privado. La práctica totalidad de las líneas de liquidez se articula a través de garantías del Estado (140.000 millones), donde están incluidos los préstamos de los bancos a las empresas que cuentan con el aval del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y otras garantías contingentes (9.000 millones) que el FMI llama operaciones pseudofiscales.

En las estadísticas del FMI no cuenta todavía el Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas de la SEPI, anunciado en julio y dotado con 20.000 millones de euros. Pese a los meses transcurridos, aún no se ha formalizado ninguna operación. Se espera que de forma inminente se concreten las primeras, pero, aun así, la respuesta sigue siendo muy débil, como al principio de la crisis de la pandemia.

En abril, cuando ya muchos países habían reaccionado a la crisis con medidas contundentes de estímulo –incluidas las ayudas directas–, España ya empezó con mucha tibieza. Según las estadísticas de entonces del Instituto Bruegel, solo dedicaba en ese momento el 0,7% del PIB, mientras que los motores de la eurozona gastaban ya diez veces más para combatir los devastadores efectos del confinamiento.

La tendencia se ha mantenido. Y, sin los fondos europeos prometidos, pronto puede ser tarde. “Es precisa una reacción, con un plan bien diseñado y ambicioso para los sectores más afectados”, apunta Ignacio Marull, director de PwC en Catalunya. La economía languidece, el consumo y la inversión se deprimen y ya asoman las quiebras. Solo hay un actor que puede impulsar ahora la economía. No está, pero se le ­espera. L. Agustina

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