El virus del papiloma humano está también detrás de tumores no ginecológicos

Un estudio multicéntrico busca determinar la relación del VPH con el cáncer orofaríngeo.

El virus del papiloma humano (VPH) está también detrás de tumores no ginecológicos: es el caso del carcinoma orofaríngeo. En Estados Unidos, se estima que entre el 50 y el 70% de los tumores de orofaringe son VPH positivos, en la gran mayoría de casos vinculados al genotipo 16. No obstante, hay muchos aspectos en torno a esta asociación etiológica que aún se desconocen, en especial en nuestro ámbito, donde esta relación está muy poco estudiada.

Con el objetivo de ampliar ese conocimiento, el Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid coordina un estudio de investigación observacional multicéntrico para la detección del VPH en tejido amigdalar sano de pacientes jóvenes, de entre 18 y 35 años, sometidos a una amigdalectomía por razones distintas a un proceso oncológico (las más frecuentes son amigdalitis de repetición y el síndrome de la apnea del sueño).

Las investigadoras confirman que casi han completado los 120 casos que quieren reclutar para este estudio, cuyas muestras están siendo ahora analizadas. Se trata de un análisis pionero en España y casi a nivel internacional, pues hasta el momento hay pocos estudios similares, la mayoría con series más cortas de casos y con resultados dispares.

Un aspecto destacable del estudio que llevan a cabo estas investigadoras es que incluye una encuesta epidemiológica a los individuos analizados, sobre factores de riesgo (edad, relaciones sexuales, vacunación, consumo de alcohol y tabaco, y episodios de amigdalitis en el último año).

Se sabe poco sobre el proceso por el que en algunas personas el VPH no se elimina espontáneamente, y, en cambio, se acantona en el tejido amigdalar, para al cabo de los años, inducir el tumor. “El biofilm amigdalar es uno de los factores que se postulan como posibles elementos de vulnerabilidad”, apunta una de las investigadoras.

El carcinoma de orofaringe suele dar la cara demasiado tarde, lo que explica su baja supervivencia (en estadios avanzados, el 45% a cinco años). “A diferencia de lo que ocurre con el cáncer de cérvix, que cuenta con programas de cribado, aquí no existen lesiones precursoras que buscar; se valoran algunas pruebas en saliva, pero, de momento, no contamos con pruebas que tengan sensibilidad suficiente. De ahí la importancia de ampliar el conocimiento sobre este carcinoma”, concluyen desde el equipo de investigación, que anima a otros médicos en España, “que seguramente están trabajando en este campo, a publicar”.

Fuente: Diario Médico

 

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