El diagnóstico precoz de la disfagia reduciría el riesgo de desnutrición y deshidratación

El papel del farmacéutico puede ser decisivo en su detección primaria

El término “disfagia” puede resultar totalmente desconocido para muchas personas. Se trata de la dificultad o imposibilidad para mover alimentos o líquidos desde la boca hacia el esófago. Es lo que se conoce como deglución de alimentos, esto es, un proceso que requiere de un complejo mecanismo en el que se coordinan 35 músculos y cinco terminaciones nerviosas.

Para la mayoría de nosotros, tragar es un acto relativamente rápido y reflejo, pero puede llegar a ser muy traumático para las personas que sufren problemas de deglución en algunas de sus tres fases (oral, faríngea o esofágica).

Disfagia orofaríngea

Dependiendo de la zona en la que se produce la alteración, la disfagia se clasifica en tres tipos, siendo la más común la disfagia orofaríngea (DO). Este síntoma relacionado con frecuencia con el proceso normal del envejecimiento, puede ir además asociado a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), el Parkinson o el ictus, también a algunos tipos de cáncer como el de cuello o el de cabeza, así como a algunas enfermedades respiratorias.

Principales complicaciones

Debido a la disminución de la ingesta, la desnutrición (cuyo riesgo puede llegar a triplicarse con la disfagia) y la deshidratación son las principales complicaciones de esta dificultad para tragar alimentos y líquidos.  En casos más severos, la disfagia puede producir neumonías por aspiración e incluso la muerte.

Pero aunque afecta notablemente a la salud y calidad de vida de las personas que la padecen, y tiene un efecto directo en el incremento de los costes socio-sanitarios, la disfagia está infravalorada.

Diagnóstico precoz integral

A pesar de que existen varias pruebas médicas específicas para su diagnóstico, solo un porcentaje reducido de pacientes son diagnosticados correctamente de disfagia orofaríngea. Una de las razones es porque este síntoma suele pasar desapercibido y es confundido a menudo con otras afecciones. Por ello para reconocerlo es importante saber que la disfagia va siempre acompañada de tos (durante o después de las comidas), carraspeo en la garganta después de comer para aclararla y atragantamiento al ingerir ciertos alimentos.

Para evitar una de las complicaciones más importantes de la disfagia como es la desnutrición es imprescindible, desde su diagnóstico hasta su tratamiento, un manejo multidisciplinar que incluya diferentes profesionales de la salud (otorrinolaringólogos, logopedas, neurólogos, dietistas, cuidadores y enfermeras). En esta línea, Nestlé Health Science ha puesto en marcha un programa de detección de la disfagia, diseñado especialmente para la oficina de farmacia, que mediante un breve cuestionario puede ayudar a identificar esta condición.

Tratamiento adaptado

La alimentación oral, siempre que sea posible, es la mejor opción para el tratamiento de la disfagia. Es muy importante controlar las necesidades nutricionales y de líquidos para prevenir la desnutrición y la deshidratación. En este sentido, una dieta individualizada, adaptada a las necesidades del paciente con disfagia, puede reducir el riesgo de ambas alteraciones, asegurando un estado óptimo de nutricional y de hidratación, según han hallado diversos estudios científicos.

Las Guías de la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO) apuntan que modificar la consistencia de los alimentos, haciendo los líquidos más espesos, puede aliviar los problemas de deglución.

En definitiva, para mejorar la calidad de vida de los pacientes que sufren disfagia y evitar sus principales complicaciones es necesario el abordaje multidisciplinar, tanto en su detección como en su tratamiento.

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