Enfermedad renal diabética, la principal causa de inicio de tratamiento sustitutivo renal en España

En los próximos años se prevé un aumento significativo de la prevalencia de enfermedad renal diabética, en sus diferentes estadios. La prevención de la enfermedad renal crónica, o el retraso en su progresión, un objetivo ineludible en el tratamiento de las personas con diabetes.

Enfermedad renal y diabetes no solo van de la mano, sino que se establece una estrecha y perniciosa interrelación entre ellas. La enfermedad renal en la diabetes mellitus (tanto el desarrollo de albuminuria como la disminución del filtrado glomerular) se asocia con un peor pronóstico vital, mayor riesgo cardiovascular y de progresión a enfermedad renal terminal, que precisa tratamiento sustitutivo renal en estos pacientes.

De hecho, la principal causa de inicio de tratamiento sustitutivo renal en el mundo occidental, y también en España, es la enfermedad renal diabética; y, es más, se prevé que la prevalencia de enfermedad renal diabética en sus diferentes estadios aumente en los próximos años, como consecuencia del envejecimiento de la población y el aumento de la obesidad.

Por lo tanto, “necesitamos tratamientos que retrasen y/o eviten la progresión de la enfermedad renal en esta población, pues a pesar de un óptimo control de los diferentes factores de riesgo, el riesgo residual sigue siendo actualmente elevado”, resalta. Aleix Cases, de la Universitat de Barcelona.

Este experto recuerda la prevalencia e implicaciones pronósticas de la enfermedad renal en la diabetes mellitus, las medidas de nefroprotección disponibles en la actualidad y la necesidad de implementarlas en las personas con diabetes, y las evidencias sobre los efectos nefroprotectores de los nuevos agentes hipoglicemiantes, con especial énfasis en los inhibidores del cotransportador sodio- glucosa tipo 2 (iSGLT2) y los agonistas del receptor de GLP-1 basados en análogos de GLP-1 humano (arGLP-1).

Más allá del control glicémico

Durante las últimas décadas se ha insistido en la necesidad de disponer de fármacos capaces de incidir positivamente en la función renal de las personas con diabetes, un ambicioso objetivo terapéutico que hasta hace solo unos pocos años resultaba muy complejo de alcanzar y con un alcance muy limitado. Ahora, como apunta Cases, “y tras 20 años de ‘travesía en el desierto’ en el campo de la nefroprotección en diabetes, y yendo un paso más allá del uso de los inhibidores del sistema renina angiotensina, se han introducido nuevos agentes hipoglicemiantes que están demostrando protección cardiovascular y renal, más allá del control glicémico”.

Los iSGLT-2 y los arGLP-1 han demostrado su capacidad para aportar beneficios cardio-vásculo-renales que son independientes de su efecto reductor de la hiperglucemia. “Gracias a estos fármacos, podemos hoy en día modificar el pronóstico de la enfermedad cardiovascular y renal de las personas con diabetes de tipo 2”, indica.

Se trata de fármacos que contribuyen a hacer realidad una función primordial de la Medicina actual que, como indicaba el Dr. Ernst L Winder, presidente de la American Health Foundation, “debería ser que las personas mueran jóvenes lo más tarde posible”. En este sentido, “no debemos olvidar que la enfermedad renal crónica es un estado de envejecimiento (senescencia) acelerado, por lo que su prevención o el retraso en su progresión deben ser un objetivo ineludible en el tratamiento de los pacientes diabéticos”, apunta.

Prometedoras líneas de investigación

Dada la importancia de la enfermedad renal en la diabetes, actualmente hay en marcha varias líneas de investigación con agentes que podrían retrasar la progresión de la enfermedad; en este ámbito en concreto, el estudio FLOW está intentando demostrar el efecto nefroprotector de semaglutida en pacientes con enfermedad renal diabética.

Por otro lado, se está evaluando el efecto nefroprotector de los iSGLT2 en la enfermedad renal crónica no diabética. En este caso, el estudio DAPA-CKD, que incluye pacientes con enfermedad renal crónica, diabética y no diabética, se ha detenido de forma prematura por el beneficio observado en los pacientes tratados con dapaglifozina vs placebo, “lo que abre la puerta a la indicación de los iSGLT2 como agentes nefroprotectores, independiente de su efecto hipoglicemiante (incluso en nefropatías no diabéticas)”, señala el Cases.

Asimismo, en el pipeline de la industria farmacéutica se cuenta con varios fármacos prometedores en estudio que presentan un potencial efecto nefroprotector, “lo que permite un cierto optimismo de cara al futuro próximo”, concluye. M.T. T. (SyM)

 

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