TICKET SI, TICKET NO
Antoni Torres
Farmacéutico
El anuncio de una posible implantación de un ticket moderador en las recetas de medicamentos prescritos con cargo a la salud pública plantea dos reflexiones. ¿Se quiere actuar sobre los ingresos, aumentándolos? o ¿sobre los gastos, reduciéndolos?
Si la opción es la primera, la consecuencia es que los enfermos polimedicados serán los principales contribuyentes, al ser los que más recetas utilizan. Si es la segunda, lo que se logra es que, en lugar de tratar las enfermedades con medicación, se haga a nivel hospitalario y de dependencia, mucho más costoso y con peor calidad de vida para el paciente.
Todo esto son, hasta aquí, opiniones personales, veamos los hechos. La sanidad en EEUU depende de las mutuas de seguros privadas. En su momento, éstas implantaron un ticket moderador para limitar el número de recetas. Lograron su objetivo, pero hace pocos meses lo retiraron ¿Por qué, si los resultados obtenidos eran los buscados? Observaron que se les disparó enormemente el gasto de urgencias, hospitalario y de dependencia, al llegar los pacientes al hospital en peores condiciones de salud debido al uso inadecuado, o peor aún el no uso, de los medicamentos necesarios. El caso de Canadá es parecido. Por la falta de profesionales y la necesidad de descongestionar su sistema sanitario, se adoptaron medidas del mismo estilo, con idéntico resultado y que también acaban de retirar, por los mismos motivos.
Y ¿qué han hecho para reducir ese gasto hospitalario y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos? En ambos casos eliminar esos tickets y facilitar al máximo el contacto del enfermo con los profesionales sanitarios con un mismo objetivo: conseguir mejorar los resultados del cumplimiento terapéutico. Dicho de otra forma, que el paciente se tome los medicamentos en la cantidad y frecuencia prescritos por su médico. Está ampliamente estudiado que los pacientes crónicos, pasados dos años del inicio del tratamiento, lo incumplen un 50%, siendo esa la verdadera fuente de los problemas.
En Cataluña, con la implantación de la receta electrónica, el paciente recibe la cantidad exacta de medicación prescrita por su médico y no le es posible retirar de la farmacia ningún fármaco más ni en mayor cantidad a la prescrita ¿Por qué sobran pues medicamentos en casa de los pacientes? Por el incumplimiento del tratamiento. Las farmacias son el punto de contacto último y más frecuente entre el paciente y su medicamento, están pues en el punto idóneo para fomentar ese control y cumplimiento del tratamiento con las mínimas molestias para el paciente y uso del sistema sanitario.
Basta con copiar lo que funciona, retribuir al farmacéutico por esa labor: detectar duplicidades, incumplimientos, sobredosificaciones, problemas relacionados con el medicamento, etc., y comunicarlo tanto al médico como al paciente para buscar los resultados óptimos. Y todo esto debe evaluarse mediante análisis de los resultados obtenidos con la propia receta electrónica. Esa retribución del farmacéutico se obtiene de una parte del ahorro obtenido al reducirse las consecuencias de las enfermedades mal controladas, el resto del ahorro es para el sistema público.
Todos ganan, el paciente al gozar de la mejor calidad de vida posible, el sistema público al reducir sus gastos y el farmacéutico al poder utilizar todo su conocimiento e infraestructura haciéndolos sostenibles y más útiles a la sociedad. Ese es el camino y esa es la respuesta a las dos reflexiones iniciales.












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Los boticarios no tenéis vergüenza!
Miles de farmacéuticos sin poder acceder a una botica y cuando los contratáis hasta un celador gana más al mes.
Todo lo queréis para vosotros. Cuando pongan las farmacias en los ambulatorios o sea libre, se verá el servicio y la calidad percibida por el usuario.
Claro que vosotros tendréis que ir a trabajar y dejar de ganar esos sueldazos.