“Es prácticamente imposible que haya dos tumores idénticos”
Javier de Agustín
Mariano Barbacid pertenece a esa clase de hombres que ha nacido con un don que, unido a un fuerte compromiso, trabajo y esfuerzo, logran que la humanidad dé un paso más adelante. Es uno de los investigadores de mayor prestigio internacional en oncología y tenemos la suerte de que sea español y quiera investigar en nuestro país.
Conozco a Mariano desde hace casi cinco años y siempre me llamó la atención su determinación en la lucha contra el cáncer. Por ese motivo para mí ha supuesto una enorme satisfacción que AXA Research Fund haya creado una cátedra permanente de oncología molecular en el CNIO, dotada con dos millones de euros, que dirigirá Mariano para investigar nuevas terapias contra los cánceres de pulmón y páncreas.
¿En qué medida la investigación nos puede llevar a salir de la crisis actual?
Los créditos de la investigación nunca se ven a corto plazo, por lo que desgraciadamente poco puede hacer ya para ayudarnos a salir de la crisis actual. Eso sí, solo si potenciamos la investigación de forma estable nos podrá ayudar a evitar la próxima crisis.
¿Qué esperas de la cátedra de oncología molecular de AXA?
En primer lugar, representa un reconocimiento al prestigio internacional del centro por parte de una de las instituciones filantrópicas más importantes de Europa. Además, esta cátedra proporciona unos recursos garantizados a largo plazo que no dependerán de factores coyunturales, como los que estamos viviendo en la actualidad.
¿En qué investigaciones se va a centrar este proyecto?
Vamos a implementar un programa de ensayos clínicos experimentales utilizando estirpes de ratón genéticamente modificadas capaces de reproducir fielmente la historia natural de ciertos tumores humanos. El objetivo de estos ensayos es validar combinaciones terapéuticas –mediante técnicas tanto genéticas como farmacológicas– que por su complejidad no sería posible ensayar directamente en seres humanos en estos momentos. Este programa que será pionero en Europa y ha sido reconocido por el Consorcio de Modelos Animales de Cáncer (MMHCC) del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, permitirá establecer nuevas estrategias terapéuticas que, al haber sido validadas en estos modelos genéticamente manipulados, tendrán una alta probabilidad de éxito cuando sean aplicadas a los pacientes de cáncer.
¿Con qué tumores se va a llevar a cabo?
Fundamentalmente con dos de los que tienen peor índice de supervivencia. Se trata de tumores de pulmón de célula no microcítica, el principal tipo de tumor producido por el hábito de fumar, y el adenocarcinoma ductal de páncreas. Se da la circunstancia de que estos dos tumores están inducidos por el oncogén K-RAS, lo que nos permite disponer de un amplio conocimiento sobre los mecanismos moleculares responsables de su desarrollo.
Desde que regresaste a España para hacerse cargo del CNIO ¿qué cambios han sido los principales en la investigación oncológica en nuestro país?
Además de la creación y consolidación del CNIO como primer centro de investigación monográfico en cáncer en nuestro país, la investigación oncológica, tanto en su vertiente experimental como clínica, ha vivido un gran avance, paralelo al que se ha experimentado en los principales países de nuestro entorno.
¿La farmacogenómica en oncología personalizada es el gran reto en investigación?
Yo diría que es “un” gran reto, no necesariamente “el” gran reto, ya que existen muchas otras áreas en investigación oncológica que aún representan grandes retos. Quizás pueda ser el que tenga un impacto más directo y más cercano al paciente de cáncer.
Recientemente manifestabas que se ha avanzado en el conocimiento de los errores y mutaciones de cada tumor en particular, ¿qué nuevos campos de investigación han abierto estos avances?
Esta información es esencial para la farmacogenómica y la medicina personalizada que comentábamos antes, y sobre todo para conocer mejor y más a fondo al enemigo, es decir a los tumores, que se nos están presentado como entidades mucho más complejas de lo que pensábamos hace tan solo cuatro o cinco años.
¿Será posible encontrar tratamientos para todo tipo de cáncer, incluidos algunos complejos como es el caso del de páncreas?
Con el tiempo y con un apoyo sostenido a la investigación, ¿por qué no? Pero ya sabe que a mí no me gusta hacer predicciones. Hay que ser muy cauto en este tema.
¿Qué diferencias hay entre cada tipo de cáncer? ¿Por qué varía tanto la supervivencia?
Las diferencias son múltiples y difíciles de resumir en esta entrevista, pero digamos que dado que prácticamente cada célula en nuestro cuerpo puede convertirse en una tumoral, en un principio habrá tantos tipos de tumores como de células existen en nuestro organismo. A esta gran variedad habría que añadir el hecho de que cada tipo celular puede adquirir propiedades malignas mediante acumulación de mutaciones en al menos 500 genes distintos, quizás más de mil. Por lo tanto, podemos decir sin miedo a equivocarnos, que es prácticamente imposible que haya dos tumores idénticos a nivel molecular. Esto no quiere decir que a nivel clínico determinados tipos de tumores presenten un comportamiento similar y puedan ser tratados con protocolos terapéuticos ya establecidos.
En cuanto a tratamientos, si los citotóxicos son algo del pasado, ¿qué fármacos son los que perfilan el futuro?
Si me lo permite me gustaría matizar el concepto de que los citotóxicos son algo del pasado. Esta afirmación podría ser valida, con alguna excepción, en el mundo de la investigación, pero no así en la práctica clínica. Hoy en día, el 80% de los fármacos utilizados en los hospitales son todavía citotóxicos. Esto se debe a que la nueva generación de fármacos, es decir aquellos dirigidos contra dianas moleculares, todavía son pocos (dos o tres decenas) y no cubren las necesidades terapéuticas de la gran variedad de tumores que se presentan en los seres humanos.
Somos capaces de curar más los cánceres, pero cada día hay más casos, ¿cómo debemos avanzar no sólo en tratamientos, sino en prevención?
Este es un tema complicado que conviene matizar. Es innegable que hay cánceres evitables que incluyen los producidos por nuestros propios hábitos como son el consumo de tabaco, por circunstancias que nos producen un daño tisular crónico, como quemaduras solares en la piel, cirrosis, pancreatitis, etc. o aquellos tumores con etiología vírica como el cáncer de cerviz. Todos estos tumores se pueden y se deben prevenir. Pero la mayoría de los tumores aparecen de forma espontánea, algo que es consustancial con nuestro envejecimiento y por tanto no podemos prevenirlos. En estos casos, deberíamos hablar de detección precoz, es decir, detectar el cáncer cuando aún no se ha diseminado y por tanto cuando es curable por métodos quirúrgicos. Desgraciadamente, en la gran mayoría de los casos la detección precoz no es posible ya que un porcentaje importante de los tumores no avisa, no nos causa ningún síntoma, hasta que se ha diseminado. / Silvia C. Carpallo
PERFIL
Doctorado en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid en 1974, se formó como becario postdoctoral en el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), Bethesda, Maryland, EE.UU. En 1978 fundó su propio grupo para trabajar en la biología molecular de los tumores. Su trabajo condujo al aislamiento del primer oncogen humano, H-Ras, en el año 1982. Llegó a ser vicepresidente de oncología de Drug Discovery en Princeton, Nueva Jersey. En 1998 regresó a Madrid para crear y dirigir el CNIO, hasta mediados del pasado año. Entre otros galardones recibió el Premio Jiménez Díaz o la Medalla de Honor de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (OMS).















