Infarto agudo de miocardio: una carrera contrareloj vital
Borja Ibáñez, jefe de Grupo CNIC / Vicente Sánchez-Brunete, subdirector del Summa112
Las arterias que llevan la sangre a nuestro corazón se llaman arterias coronarias. Tras una exposición prolongada a factores perjudiciales, como el tabaco, diabetes, hipertensión o el colesterol, en sus paredes se van generando acúmulos de grasa y otro material inflamatorio. Es lo que conocemos como “placas de ateroma” y existe el riesgo de que éstas se rompan y generen un trombo (coágulo) que llegue a obstruir de manera completa la arteria coronaria.
Esto se conoce como infarto agudo de miocardio (IAM). Sus síntomas: dolor opresivo en el pecho (o en la boca del estómago), que puede irradiarse al cuello o alguna extremidad superior, malestar general, sudoración y sequedad bucal. Hay algo que lo distingue de otros dolores: suele ser continuo y no se alivia con el cambio de postura ni con la ingesta de alimentos.
























