La preservación de óvulos permite mantener la fertilidad de las pacientes
Con el cáncer de mama la vida no se acaba, cambia. La supervivencia se sitúa actualmente por encima del 80%, y en más del 90% de los casos no es necesario extirpar la mama. Hoy en día se abre una nueva etapa repleta de esperanza para muchas mujeres diagnosticadas. Sin embargo, es necesaria una estrategia integral que ayude a vivir lo más saludable posible durante el tiempo que dure la enfermedad y los años siguientes.
Pacientes, facultativos y familiares coinciden en la importancia de un seguimiento estandarizado permanente con una atención específica e integral. El tratamiento debe agrupar diferentes especialidades, desde las púramente médicas, a los aspectos psicológico, estético, social y laboral. Disponer de un plan de seguimiento preestablecido, que implica una coordinación entre profesionales y niveles de asistencia, es básico para que la mujer supere la enfermedad. En 1974 en el Institut Dexeus un grupo de especialistas plantearon de forma pionera esta idea integradora. “Se trata de determinar las necesidades de las pacientes oncológicas durante y después del tratamiento”, afirma Rafael Fàbregas, consultor de ginecología oncológica y mamaria de este centro integrado en USP.
Es importante diseñar una estrategia que permita preservar la fertilidad y feminidad de la mujer diagnósticada. La preservación de óvulos hace posible que, tras el tratamiento oncológico, una mujer con cáncer de mama mantenga la esperanza de ser madre. Además, “la oncoestética resulta muy útil para que sienta que mantiene su grado de feminidad –señala Fàbregas- a través de cosas tan sencillas como enseñarle a maquillarse o a ponerse una peluca”. En algunos casos los tratamientos pueden provocar un bloqueo hormonal con efectos secundarios como pueden ser la disminución de la líbido, sequedad vaginal o desaparición de la menstrucaión, entre otros. “Otra consecuencia importante es la aparición de osteoporosis como consecuencia de la pérdida de calcio a causa de algunas terapias”. Todo ello requiere una atención constante a la persona que abarca no sólo el aspecto médico, sino psicológico y físico, ya que las secuelas físicas no sólo afectan a la calidad de vida, sino que recuerdan la existencia de la enfermedad y, con ella, el miedo a una recaída.
Las vías que se van abriendo en el campo del cáncer de mama van encaminadas a que, en definitiva, la mujer no se sienta como una enferma. “Una atención integral ayuda a que la mujer se enfrente de forma positiva a la enfermedad”, añade este experto. Y está demostrado que las pacientes optimistas toleran mejor los tratamientos y tienen un mayor índice de curación.
Hoy en día la mayoría de procesos médicos permiten mantener la actividad laboral de las pacientes. Y aunque, en algunos casos, la reincorporación a la vida diaria puede presentar complicaciones por las secuelas del tratamiento, los expertos recomiendan “mantener sus actividades cotidianas, no olvidando el deporte y la dieta, para afrontar mejor esta etapa”.